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miércoles, 10 de diciembre de 2014
El encanto de Nacho
Creció a mi lado haciéndome compañía y defendiendo la casa como podía: ladrando”
Vivo con Nacho hace más de siete años; un perrito salchicha a quien la vida me puso de frente. Fue amor a primera vista. Bastó solo con mirarlo a sus ojos para saber que éramos el uno para el otro.
Con una mirada tierna y las orejas derretidas, Nacho me decía “¡Vámonos!”.
Desde ese día y luego de más de siete años nunca nos hemos separado. Llegó a mi vida antes que mi esposo y reclamó su espacio cuando David arribó a la casa, aunque después se hicieron mejores amigos.
Creció a mi lado haciéndome compañía y defendiendo la casa como podía: ladrando. Es fanático de ir a buscar la bolita que desde pequeño le estoy tirando y, aunque activo, confronta problemas de obesidad que lo hacen parecer más un salchichón que una salchicha.
Ha recorrido conmigo la isla entera y vio crecer a mis hijos desde la barriga. Justo antes de que naciera mi primer hijo, Adrián, le busqué una compañera, Lupita, pues me dolía en el alma pensar que la llegada del nene lo hiciera sentir menos, que se diera cuenta que era un perrito y no un ser humano.
Desde el día uno Lupita fue diferente a Nacho. Él un “tipo” tranquilo, disciplinado, prudente. Lupita es hormonal, extrovertida y chillona, entre otras cosas, pero sobre todo muy changa y girly.
Siempre tuve la ilusión de que mis hijos se criaran con mascotas para que conocieran la importancia de protegerlas y quererlas. Así ha sido, son parte integral de nuestra familia, están incluidos en todo. No hay dibujo de mis hijos en los que se presente a la familia que ellos queden fuera.
Hemos estado siempre juntos: años de amor, de alegría, de momentos difíciles, pues Nacho siempre ha sufrido de problemas con su espalda, al punto de quedarse en un momento sin movimiento en sus patas.
Nos tocó operarlo y pedirle a Dios por su recuperación, lo que afortunadamente logró. Su vida volvió a la normalidad, regalándonos momentos de mucha alegría como nos tenía acostumbrados, hasta que la semana pasada, luego de una convulsión, me informan que padece de una enfermedad terminal. Una masa en su cerebro le está afectando el sistema neurológico sin que mucho pueda hacerse.
Al menos el doctor le dio unas semanas de observación antes de tomar otras decisiones.
Podrán imaginar la tristeza en mi corazón. Tenía en agenda escribir de otro tema, pero solo encontré inspiración para compartir con ustedes este sentimiento.
Fueron muchos los regaños por los zapatos que me dañó, los cojines que rompió, la basura que regó, pero hoy más que nunca quisiera llegar a casa y ver todo ese desastre, pero que Nacho estuviera bien.
Esas semanas de gracia que le han permitido a mi lado recibirá el mejor cuidado de su vida, estaré atenta a cada directriz para complacerlo, le besaré el hocico y dormirá a mi lado hasta que Dios decida.
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